Primero que nada quiero que sepas que no soy Escritora, ni Redactora, soy Ingeniera Civil y que lo que vas a encontrar acá es mi historia, una parte de mi vida que muchos desconocen y que la escribo tal y como sè expresarme, porque mi marca es parte de mí y quiero mostrarla tal y como soy.
Si has escuchado antes de mí,
sabrás que hubo un momento en mi vida en que me tocó comenzar de nuevo, y no
había otro momento sino cuando ocurrió la pandemia.
Se podría decir que antes de eso tenía una vida “normal”, con un esposo, una hija, un bello hogar, un auto, un trabajo fijo del cual saldría jubilada en el cual ganaba muy bien y además de eso tenía un emprendimiento de carteras y complementos donde ya se veía el fruto de nuestro trabajo, hasta que la hiperinflación de mi país comenzó a socavar toda nuestra entrada de dinero y ya ni vendiendo las carteras en dólares y euros nos podíamos sostener, porque además de ser un problema económico, ya era un problema social, político y en el que no queríamos estar. Nunca paso por nuestra mente dejarlo todo y comenzar de nuevo, pero nos tocó.
En febrero de 2020 llegamos a Argentina con una mano adelante y otra atrás como dicen por allí, sin embargo, teníamos muchas expectativas, muchos sueños, pero con la pandemia nuestros planes tuvieron otro rumbo, porque cerraron todo y mi hija no podía ir al jardín, por lo tanto yo no podía salir a trabajar, pues tenia una pequeña de 5 años que me necesitaba, la cual también estaba pasando por un proceso de cambio y se refugiaba en nosotros, sus únicos conocidos.
Pasaron muchos días de insomnio porque mi esposo trabajaba de noche y nosotras dormíamos solitas, y se me junto el miedo, la ansiedad, la depresión, prácticamente me dormía a las 5 am y él llegaba a las 6 am, pasaba la noche llorando sin saber que hacer porque siempre fui una mujer muy activa y ahora me tocaba esperar, hacer carteras no era una opción, no tenía ni máquina de coser, ni dinero.
Una de esas noches sin dormir y mirando las redes sociales vi la página de la plataforma Domestika y allí me llamó la atención un curso de bordado en relieve, la verdad es que tenía mucho tiempo sin bordar y además mi aprendizaje había sido por cuenta propia (autodidacta) desde adolescente; lo cierto es que compre el curso y pedí unos hilos por mercado libre que venían con aguja, pero sin bastidor y no me alcanzo para más; pues mi esposo trabajaba en negro y pues ustedes saben lo que eso significa, vivir al día y sin beneficios.
Como bordaba sin bastidor el bordado no me quedaba tan perfecto, pero en este momento eso era lo menos importante, ahora lo importante es que tenia algo para hacer y era como que mi vida volvía a tomar el ritmo, desde niña siempre disfrute de dibujar, pintar y crear con mis manos y en esta oportunidad me estaba dando el tiempo para volver a crear.
Así fueron pasando los meses y mis noches ya tenían sentido, mi hija dormía y yo practicaba, también conocí el bordado mágico y aunque fueron muchas las punzadas que me di en las piernas mientras bordaba sentada en la cama de verdad que me apasionó.
Mientras transcurrían los meses conocí de Mujer Financiera y con lo poco que teníamos comencé a ordenar nuestras finanzas para poder comprar una cama (donde dormíamos era prestada), un escritorio, una silla y lo mas importante fue poder ahorrar para salir de ese lugar del que debíamos salir desde el día uno.
Luego nos mudamos a un dúplex bien lindo y una noche me desate a llorar como no lo hacia desde niña y le pedí a Dios que me ayudara porque no sabia que hacer con mi vida, porque no tenia un trabajo y no estaba acostumbrada a que me dieran porque siempre fui muy independiente y no sabía si esto del bordado era a lo que realmente me iba a dedicar y bueno lloré hasta que me quedé rendida y por primera vez soñé que me decían: salmo 90, salmo 91 y desperté diciendo muchísimas veces “ Jehová es mi pastor y nada me faltara” en realidad para ese momento nunca había leído la biblia, solo la tenia de adorno en nuestra casa como si fuera un amuleto de protección; por lo tanto ni sabia en que parte de la biblia decía eso, le comente a mi suegra y me dijo que ese era el salmo 23; después de eso pasaron cosas.
En una capacitación que tuve con Susana Ruiz (orfebre Venezolana), ella dijo algo que me marcó y fue un cuento de unos peces en una pecera, era algo así: que no se movían como debían y por eso cuando querían comerlos en el restaurant que lo vendían, la carne no sabía igual, entonces realizaron un estudio y determinaron que todo se debía a que nadaban muy lento, y que debían hacer algo para que se movieran, luego le colocaron un tiburón y así los peces se movían con mayor rapidez para no ser devorados; luego Susana preguntó ¿cuál es tu tiburón? Y esa pregunta se gravo en mi mente y cada vez que siento un bajón me hago esa pregunta.
Y para cerrar esta historia, mi historia, te pregunto:
¿Cuál es tu
Tiburón? ¿qué es eso que te hace
moverte? ¿qué te hace tomar acción?

.png)
Comentarios
Publicar un comentario